martes, 16 de abril de 2013
Los otros zombis
Los otros zombis: Tras la tercera temporada de 'The walking dead', repasamos algunas ficciones protagonizadas por resucitados
Tres horas de ‘El Principito’ para celebrar su 70 aniversario
Tres horas de ‘El Principito’ para celebrar su 70 aniversario:
Los más pequeños conmemoran el Día del Libro por adelantado. A una semana de su celebración, el Círculo de Bellas Artes y Fuhem Educación organizan hoy una lectura continuada de El Principitocon motivo del 70 aniversario de su publicación. En ella intervendrán alumnos de Educación Primaria de siete colegios de Madrid.
El año pasado Juan Echanove leyó las primeras líneas del librito de Saint Exupéry, y este año, María Galiana —la abuela Herminia en la serie Cuéntame— será la encargada de inaugurar la lectura. La actriz ha sido elegida por ser un personaje público muy conocido y también su pasado como maestra de instituto. "Nos ha gustado por su labor pedagógica y porque es muy querida por los niños, es muy importante que conecten", explica Sonia Frías, coordinadora del departamento de Humanidades del Círculo de Bellas Artes.
La lectura, un acto público abierto a todo el mundo, comenzará a las diez de la mañana en la Sala de Columnas y durará tres horas y media aproximadamente. Durante ese tiempo, los alumnos se turnarán para leer los distintos pasajes de la obra, elegida por segundo año consecutivo por ser una lectura "fácil, breve, y que todos dominan", según Frías.
El Círculo quiere prolongar esta actividad para fomentar la lectura entre los más pequeños, y para futuras ediciones anuncian un cambio de registro para involucrar también a estudiantes de educación secundaria. "Contaremos con Tom Sawyer o con La Isla del tesoro, obras que no son muy largas y que gustan a cualquier edad", explica Frías.
La lectura de El Principito no será la única actividad. Con el fin de trasladar de manera más gráfica los mensajes que sugiere Saint-Exupéry, algunos alumnos interpretarán escenas de diversos pasajes. A fin de cuentas, cualquier excusa vale para homenajear un libro infantil que también cautiva a los adultos desde su publicación en 1943 y que ha sido la clave para que muchos pequeños y mayores descubrieran para siempre los placeres de la lectura.
Los más pequeños conmemoran el Día del Libro por adelantado. A una semana de su celebración, el Círculo de Bellas Artes y Fuhem Educación organizan hoy una lectura continuada de El Principitocon motivo del 70 aniversario de su publicación. En ella intervendrán alumnos de Educación Primaria de siete colegios de Madrid.
El año pasado Juan Echanove leyó las primeras líneas del librito de Saint Exupéry, y este año, María Galiana —la abuela Herminia en la serie Cuéntame— será la encargada de inaugurar la lectura. La actriz ha sido elegida por ser un personaje público muy conocido y también su pasado como maestra de instituto. "Nos ha gustado por su labor pedagógica y porque es muy querida por los niños, es muy importante que conecten", explica Sonia Frías, coordinadora del departamento de Humanidades del Círculo de Bellas Artes.
La lectura, un acto público abierto a todo el mundo, comenzará a las diez de la mañana en la Sala de Columnas y durará tres horas y media aproximadamente. Durante ese tiempo, los alumnos se turnarán para leer los distintos pasajes de la obra, elegida por segundo año consecutivo por ser una lectura "fácil, breve, y que todos dominan", según Frías.
El Círculo quiere prolongar esta actividad para fomentar la lectura entre los más pequeños, y para futuras ediciones anuncian un cambio de registro para involucrar también a estudiantes de educación secundaria. "Contaremos con Tom Sawyer o con La Isla del tesoro, obras que no son muy largas y que gustan a cualquier edad", explica Frías.
La lectura de El Principito no será la única actividad. Con el fin de trasladar de manera más gráfica los mensajes que sugiere Saint-Exupéry, algunos alumnos interpretarán escenas de diversos pasajes. A fin de cuentas, cualquier excusa vale para homenajear un libro infantil que también cautiva a los adultos desde su publicación en 1943 y que ha sido la clave para que muchos pequeños y mayores descubrieran para siempre los placeres de la lectura.
Mujeres e inmigrantes, los mejores jóvenes novelistas británicos
Mujeres e inmigrantes, los mejores jóvenes novelistas británicos:
La paquistaní Kamila Shamsie, el estadounidense Ben Markovits y la china Xiaolu Guo son escritores que comparten la atención de los medios literarios del Reino Unido donde, independientemente de sus diversos lugares de origen, vienen afianzando sus respectivas carreras en los últimos años. A partir de hoy, sus nombres y los de otros diecisiete compañeros de letras, entre los que por primera vez las mujeres ejercen de mayoría, van a verse propulsados gracias a la prestigiosa revista Granta que, sólo una vez en cada década, decide inmortalizar en su portada a quienes considera “los mejores jóvenes novelistas británicos” (menores de 40 años). Muchos de ellos proceden además de territorios extranjeros o son hijos de inmigrantes, un hecho que alimenta el debate sobre qué significa ser británico en el siglo XXI. Quizá falten o sobren firmas en esta lista del 2013, pero la tradición establecida por una publicación que en su día auspició a Martin Amis, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro o Salman Rushdie ejerce un peso muy difícil de rebatir.
Los veinte integrantes del último y selecto grupo, además protagonistas de un retrato conjunto que exhibe la publicación en los quioscos desde este martes 16 de abril, probablemente no logren suscitar la aceptación unánime del gremio y la crítica, aunque sí disfrutarán todos ellos de una publicitada tribuna. Porque el impacto de la selección de Granta está garantizado desde que la revista estableciera hace ahora treinta años la vocación de identificar a una colección de autores destinados a dejar huella.
El momento más glorioso de ese ranking estuvo encarnado en su inauguración de1983 por los citados talentos de Amis y compañía, que incluye otros nombres como los de William Boyd o Ian McEwan, un compendio de autores de referencia de la ficción contemporánea, heterogéneos, polifacéticos, tan dotados para la narrativa como para el éxito comercial de sus propuestas de calidad. Diez años más tarde, Ishiguro (cuya obra, Lo que queda del día, fue trasladada al cine precisamente en 1993, con ocho nominaciones al Oscar) repite atípicamente en la lista de Granta, que reconoce entre otros a autores tan asentados actualmente en la escena británica como Philip Kerr, Louis de Bernières, Hanif Kureishi o Ben Okri. La cosecha de 2003 aportó entre otros los nombres de Zadie Smith, Sarah Waters o Monica Alia, autoras todas ellas cuyos libros han sido traducidos al español con notable recepción.
Una lista, por lo tanto, a tener en cuenta en lapsos de cada diez años. ¿Quiénes son los protagonistas de la edición de 2013? Por primera vez desde que Granta desgrana los nombres de sus autores favoritos, el número de féminas (doce) supera al de sus colegas masculinos de pluma, una novedad pareja a la importante presencia de creadores cuyo bagaje proviene (a causa de su nacimiento o de la herencia de sus padres) de fuera del Reino Unido. Estos son los veinte mejores jóvenes novelistas de 2013 según Granta:
La paquistaní Kamila Shamsie, el estadounidense Ben Markovits y la china Xiaolu Guo son escritores que comparten la atención de los medios literarios del Reino Unido donde, independientemente de sus diversos lugares de origen, vienen afianzando sus respectivas carreras en los últimos años. A partir de hoy, sus nombres y los de otros diecisiete compañeros de letras, entre los que por primera vez las mujeres ejercen de mayoría, van a verse propulsados gracias a la prestigiosa revista Granta que, sólo una vez en cada década, decide inmortalizar en su portada a quienes considera “los mejores jóvenes novelistas británicos” (menores de 40 años). Muchos de ellos proceden además de territorios extranjeros o son hijos de inmigrantes, un hecho que alimenta el debate sobre qué significa ser británico en el siglo XXI. Quizá falten o sobren firmas en esta lista del 2013, pero la tradición establecida por una publicación que en su día auspició a Martin Amis, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro o Salman Rushdie ejerce un peso muy difícil de rebatir.
Los veinte integrantes del último y selecto grupo, además protagonistas de un retrato conjunto que exhibe la publicación en los quioscos desde este martes 16 de abril, probablemente no logren suscitar la aceptación unánime del gremio y la crítica, aunque sí disfrutarán todos ellos de una publicitada tribuna. Porque el impacto de la selección de Granta está garantizado desde que la revista estableciera hace ahora treinta años la vocación de identificar a una colección de autores destinados a dejar huella.
El momento más glorioso de ese ranking estuvo encarnado en su inauguración de1983 por los citados talentos de Amis y compañía, que incluye otros nombres como los de William Boyd o Ian McEwan, un compendio de autores de referencia de la ficción contemporánea, heterogéneos, polifacéticos, tan dotados para la narrativa como para el éxito comercial de sus propuestas de calidad. Diez años más tarde, Ishiguro (cuya obra, Lo que queda del día, fue trasladada al cine precisamente en 1993, con ocho nominaciones al Oscar) repite atípicamente en la lista de Granta, que reconoce entre otros a autores tan asentados actualmente en la escena británica como Philip Kerr, Louis de Bernières, Hanif Kureishi o Ben Okri. La cosecha de 2003 aportó entre otros los nombres de Zadie Smith, Sarah Waters o Monica Alia, autoras todas ellas cuyos libros han sido traducidos al español con notable recepción.
Una lista, por lo tanto, a tener en cuenta en lapsos de cada diez años. ¿Quiénes son los protagonistas de la edición de 2013? Por primera vez desde que Granta desgrana los nombres de sus autores favoritos, el número de féminas (doce) supera al de sus colegas masculinos de pluma, una novedad pareja a la importante presencia de creadores cuyo bagaje proviene (a causa de su nacimiento o de la herencia de sus padres) de fuera del Reino Unido. Estos son los veinte mejores jóvenes novelistas de 2013 según Granta:
Domecq lleva al juzgado a Calatrava
Domecq lleva al juzgado a Calatrava:
En Álava también. La espectacular bodega Ysios, ideada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava que dibuja su perfil contra la Sierra de Cantabria, al norte de Laguardia, Álava, tiene problemas de estanquidad. Después de los enfrentamientos entre las instituciones vizcaínas y el arquitecto por la poca funcionalidad de las llegadas de pasajeros a la Paloma, la terminal del aeropuerto de Loiu, y la polémica y consiguiente conflicto judicial de Zubizuri, —el puente que cruza la Ría de Bilbao entre las torres Isozaki y Campo Volantín, ahora le toca el turno a la bodega de Laguardia propiedad de Bodegas Domecq.
El espectacular edificio en el que se produce toda la gama de vinos con el nombre de Ysios, tiene goteras y humedades desde hace años. La cubierta metálica que dibuja rectángulos en el cielo pero que, al parecer, no soporta demasiado bien las tensiones de los cambios de temperatura que hay en la Rioja Alta, está generando numerosos problemas de filtraciones debido, posiblemente, a problemas derivados de un insuficiente anclaje a la estructura. Pese a los numerosos parches que se han realizado en coordinación con el arquitecto, los problemas no sólo no se han solucionado, sino que, según un informe técnico pericial pedido por la propiedad y aportado a la demanda, han acabado por agravar los problemas de estructura del tejado. El resultado es que sigue habiendo goteras y humedades cuando que complican la habitabilidad y no ofrecen una atmósfera estable y controlada para la producción de vinos.
El caso es que a la bodega se le ha acabado la paciencia y la confianza. La empresa ha demandado en el juzgado número cuatro de primera instancia e instrucción de Vitoria a Santiago Calatrava, como proyectista, pero también como director facultativo de la obra, así como a la empresa que la ejecutó, Ferrovial, SA, y les pide dos millones para reparar ella misma la cubierta. Pero además la bodega no pide en el juzgado que sea Calatrava quien acometa la reparación. Le pide dos millones para afrontarla ella misma, cansada de soluciones del arquitecto valenciano, con estudio en Zurich, que no han funcionado hasta ahora.
El proyecto de reforma de la cubierta que quiere afrontar Bodegas Domecq, consiste en colocar una nueva sobre la actual, previo acondicionamiento de la estructura, y después forrar el tejado. El nuevo mantendría la singularidad de la bodega y su mismo aspecto visual ya que el acabado de la misma se realizará en aluminio. Fuentes acreditadas de Bodegas Domecq, confirmaron ayer la presentación de la demanda, pero evitaron hacer comentarios. El juzgado se encuentra a la espera de la contestación a la demanda por parte de Calatrava. La demanda de una indemnización permitirá a Domecq solucionar el problema de habitabilidad que sufre, con independencia de la duración del procedimiento judicial ya que la empresa podría adelantar el pago de esos trabajos.
En Álava también. La espectacular bodega Ysios, ideada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava que dibuja su perfil contra la Sierra de Cantabria, al norte de Laguardia, Álava, tiene problemas de estanquidad. Después de los enfrentamientos entre las instituciones vizcaínas y el arquitecto por la poca funcionalidad de las llegadas de pasajeros a la Paloma, la terminal del aeropuerto de Loiu, y la polémica y consiguiente conflicto judicial de Zubizuri, —el puente que cruza la Ría de Bilbao entre las torres Isozaki y Campo Volantín, ahora le toca el turno a la bodega de Laguardia propiedad de Bodegas Domecq.
El espectacular edificio en el que se produce toda la gama de vinos con el nombre de Ysios, tiene goteras y humedades desde hace años. La cubierta metálica que dibuja rectángulos en el cielo pero que, al parecer, no soporta demasiado bien las tensiones de los cambios de temperatura que hay en la Rioja Alta, está generando numerosos problemas de filtraciones debido, posiblemente, a problemas derivados de un insuficiente anclaje a la estructura. Pese a los numerosos parches que se han realizado en coordinación con el arquitecto, los problemas no sólo no se han solucionado, sino que, según un informe técnico pericial pedido por la propiedad y aportado a la demanda, han acabado por agravar los problemas de estructura del tejado. El resultado es que sigue habiendo goteras y humedades cuando que complican la habitabilidad y no ofrecen una atmósfera estable y controlada para la producción de vinos.
El caso es que a la bodega se le ha acabado la paciencia y la confianza. La empresa ha demandado en el juzgado número cuatro de primera instancia e instrucción de Vitoria a Santiago Calatrava, como proyectista, pero también como director facultativo de la obra, así como a la empresa que la ejecutó, Ferrovial, SA, y les pide dos millones para reparar ella misma la cubierta. Pero además la bodega no pide en el juzgado que sea Calatrava quien acometa la reparación. Le pide dos millones para afrontarla ella misma, cansada de soluciones del arquitecto valenciano, con estudio en Zurich, que no han funcionado hasta ahora.
El proyecto de reforma de la cubierta que quiere afrontar Bodegas Domecq, consiste en colocar una nueva sobre la actual, previo acondicionamiento de la estructura, y después forrar el tejado. El nuevo mantendría la singularidad de la bodega y su mismo aspecto visual ya que el acabado de la misma se realizará en aluminio. Fuentes acreditadas de Bodegas Domecq, confirmaron ayer la presentación de la demanda, pero evitaron hacer comentarios. El juzgado se encuentra a la espera de la contestación a la demanda por parte de Calatrava. La demanda de una indemnización permitirá a Domecq solucionar el problema de habitabilidad que sufre, con independencia de la duración del procedimiento judicial ya que la empresa podría adelantar el pago de esos trabajos.
Agudizar el ingenio
Agudizar el ingenio:
Es asombroso descubrir que apenas sabemos nada de cómo llegamos a convertirnos en lo que aparentemente somos. Uno de los descubrimientos más recientes es haber constatado que hace unos ciento treinta mil años no sabíamos hablar y no teníamos más remedio que confiar en el lenguaje corporal para expresar a los demás lo que sentíamos. Las notas, los ruidos y las melodías eran mucho más importantes que el lenguaje.
El idioma escrito llegó mucho después, cuando se trataba de enredar al resto. Jurábamos que nos podíamos prestar dinero unos a otros porque lo íbamos a devolver. Mucho más útil que el lenguaje fue nuestra capacidad de fabricar utensilios de piedra. Los chimpancés podían utilizar las rocas para abrir las nueces o nidos de hormigas, pero solo nosotros aprendimos enseguida a transformar la roca en un utensilio que nos permitía seguir donde estábamos, sin emigrar en busca de un lugar más adecuado; reducíamos la roca hasta transformarla en un instrumento distinto.
Las llamadas ‘adaptaciones extrasomáticas‘ permitieron a nuestros antepasados liberarse de la evolución biológica. La invención de las herramientas fue la primera gran transformación de la especie humana. Entre otras cosas, nos permitió la conversión en carnívoros, rompiendo una tradición bien asentada en el resto de los animales: normalmente solo se enfrentaban a víctimas potenciales de un tamaño parecido al suyo, mientras que a los homínidos los utensilios de piedra nos permitieron atacar a presas muy superiores en tamaño al nuestro.
Hubo otras transformaciones que nos ayudaron: el sistema de moción bípedo liberó las manos para poder hacer otras cosas extremadamente útiles, en lugar de limitarse a andar con cuatro patas. los humanos aprendimos poco a poco algo que se iba a convertir en una fuente inacabable de innovación; me refiero a la capacidad para domesticar a otros animales, singularmente a los perros hace unos treinta mil años. Según la antropóloga Pat Shipman, fue esto lo que nos permitió estudiar con gran detalle el comportamiento de otros animales, como su capacidad de concentración. Para poder predecir movimientos de las posibles presas, hacía falta haber pasado muchas horas estudiando sus reacciones ante las amenazas. Tan es así que los humanos se convirtieron en competidores directos de los verdaderos carnívoros.

¿Cuál es esa tesis, aparentemente extravagante? Es muy sencilla: la selección natural se efectuaba en un medio en el que se premiaban, por fuerza, las mutaciones biológicas de tipo positivo, la inteligencia y el espíritu innovador. Los peligros de la naturaleza y la falta de reservas prodigadas por la manada obligaban a agudizar continuamente el ingenio y a apuntalar aquellas mutaciones que favorecían los grandes saltos adelante en la evolución.
Haría falta comprobar si el número de mutaciones negativas es ahora mayor que antaño, porque los progresos tecnológicos y el cuidado de los demás permiten la supervivencia de seres menos preparados para enfrentarse a las dificultades ambientales o fisiológicas.
Se está barajando la posibilidad de que las condiciones actuales de mayor seguridad y justicia social no desemboquen necesariamente en sociedades más innovadoras que antaño. En el pasado, la evolución daba muestras de muy pocas contemplaciones y solo los más arriesgados apostaban por un futuro distinto. Hoy somos más precavidos y aburridos.
Es asombroso descubrir que apenas sabemos nada de cómo llegamos a convertirnos en lo que aparentemente somos. Uno de los descubrimientos más recientes es haber constatado que hace unos ciento treinta mil años no sabíamos hablar y no teníamos más remedio que confiar en el lenguaje corporal para expresar a los demás lo que sentíamos. Las notas, los ruidos y las melodías eran mucho más importantes que el lenguaje.
El idioma escrito llegó mucho después, cuando se trataba de enredar al resto. Jurábamos que nos podíamos prestar dinero unos a otros porque lo íbamos a devolver. Mucho más útil que el lenguaje fue nuestra capacidad de fabricar utensilios de piedra. Los chimpancés podían utilizar las rocas para abrir las nueces o nidos de hormigas, pero solo nosotros aprendimos enseguida a transformar la roca en un utensilio que nos permitía seguir donde estábamos, sin emigrar en busca de un lugar más adecuado; reducíamos la roca hasta transformarla en un instrumento distinto.
Las llamadas ‘adaptaciones extrasomáticas‘ permitieron a nuestros antepasados liberarse de la evolución biológica. La invención de las herramientas fue la primera gran transformación de la especie humana. Entre otras cosas, nos permitió la conversión en carnívoros, rompiendo una tradición bien asentada en el resto de los animales: normalmente solo se enfrentaban a víctimas potenciales de un tamaño parecido al suyo, mientras que a los homínidos los utensilios de piedra nos permitieron atacar a presas muy superiores en tamaño al nuestro.
Hubo otras transformaciones que nos ayudaron: el sistema de moción bípedo liberó las manos para poder hacer otras cosas extremadamente útiles, en lugar de limitarse a andar con cuatro patas. los humanos aprendimos poco a poco algo que se iba a convertir en una fuente inacabable de innovación; me refiero a la capacidad para domesticar a otros animales, singularmente a los perros hace unos treinta mil años. Según la antropóloga Pat Shipman, fue esto lo que nos permitió estudiar con gran detalle el comportamiento de otros animales, como su capacidad de concentración. Para poder predecir movimientos de las posibles presas, hacía falta haber pasado muchas horas estudiando sus reacciones ante las amenazas. Tan es así que los humanos se convirtieron en competidores directos de los verdaderos carnívoros.
Domesticación de animales en el Antiguo Egipto (imagen: “Wikipedia“).
Cuando uno se para a pensarlo, lo verdaderamente asombroso es constatar que todo el aprendizaje se produjo en los últimos cien mil años. La utilización de los utensilios de piedra, el lenguaje o la domesticación de animales nos habían suministrado todo o casi todo lo que necesitábamos para sobrevivir. El resto es todo muy reciente y casi por añadidura. Por eso me han interesado mucho las últimas apuestas de algunos antropólogos y especialistas de la evolución, en el sentido de que la capacidad de innovación y posiblemente el grado de inteligencia eran mayores en tiempos pasados de lo que son hoy día.¿Cuál es esa tesis, aparentemente extravagante? Es muy sencilla: la selección natural se efectuaba en un medio en el que se premiaban, por fuerza, las mutaciones biológicas de tipo positivo, la inteligencia y el espíritu innovador. Los peligros de la naturaleza y la falta de reservas prodigadas por la manada obligaban a agudizar continuamente el ingenio y a apuntalar aquellas mutaciones que favorecían los grandes saltos adelante en la evolución.
Haría falta comprobar si el número de mutaciones negativas es ahora mayor que antaño, porque los progresos tecnológicos y el cuidado de los demás permiten la supervivencia de seres menos preparados para enfrentarse a las dificultades ambientales o fisiológicas.
Se está barajando la posibilidad de que las condiciones actuales de mayor seguridad y justicia social no desemboquen necesariamente en sociedades más innovadoras que antaño. En el pasado, la evolución daba muestras de muy pocas contemplaciones y solo los más arriesgados apostaban por un futuro distinto. Hoy somos más precavidos y aburridos.
martes, 9 de abril de 2013
Conexiones
Leído en el blog de Edu Punsi
Conexiones:
Es muy raro que a estas alturas no sepamos absolutamente nada de dónde guardamos todo lo que supuestamente sabemos. En la Harvard Business School, en Boston, estuve esta mañana hablando con una científica que me explicaba que, gracias a las cantidades millonarias que se estaban invirtiendo por todo el mundo para salir de ese atolladero cognitivo, faltaba muy poco tiempo para descubrir eso que me preocupaba.
La verdad es que no pensaríamos gran cosa del conocimiento acumulado por un médico que pudiera dibujarnos cada hueso de nuestro cuerpo, pero que fuera incapaz de diseñar el esqueleto entero. Pues eso es lo que ocurre cuando intentamos desmenuzar nuestra actividad neural. Sabemos ahora que el gusano C. elegans (Caenorhabditis elegans), que un premio Nobel pudo estudiar durante años, tenía unas trescientas neuronas y unas siete mil conexiones que hacían de él lo que era. Seguimos los mismos pasos a la hora de definir la estructura neural del humano, pero nos tiene desconcertados el trabajar con miles de millones de conexiones en lugar de solo con siete mil. ¿Cómo construir ese mapa?
El esfuerzo no es nada descabellado. Imaginemos lo que daría de sí descifrar las conexiones de nuestro cerebro. Si fuera cierto que todas las experiencias de una vida están codificadas en las distintas conexiones cerebrales, no resultaría imposible descargar en un ordenador todo el diagrama neural, simulando luego mi mente o tu mente. Es más, de ser cierto que todos los recuerdos están codificados en grupos celulares, no debiéramos excluir la posibilidad de que un día no lejano bastara con entresacar un pedacito de tejido humano para poder comparar las distintas estructuras de conexiones cerebrales: las de gente sana con las de autistas, esquizofrénicos u afectados por otras enfermedades mentales.
En Boston he podido constatar que muchos científicos están a punto de descubrir cómo se conecta el genoma, cómo se doblan las proteínas y cuál es el diagrama completo del cerebro. Para ello recurren a la microscopía electrónica, a la modulación de imagen por ordenador con vistas a diseñar la más perfeccionada fotografía en tres dimensiones de la materia gris cortical jamás diseñada. Aún están lejos de dibujar la red entera del mapa cerebral, pero el camino ya está trazado.

Mientras intentan distraernos con rifirrafes sin sentido, vale la pena observar aquellos experimentos con los que la ciencia está comprobando la insospechada fuerza de la experiencia individual sobre la verdadera naturaleza de la gente. La división de ratones en dos grupos (unos con una madre que no cesaba de lamerlos y otros con una que los torturaba) sentó las bases de la importancia del entretenimiento y el amor en el conocimiento. La vida de los ratones bien tratados se prolongó más allá de lo que duró la vida de los maltratados.
El poder recién descubierto de la experiencia individual, frente a lo que se consideraba la herencia intocable de la genética o las conexiones cerebrales, abre compuertas insospechadas a las reformas educativas, médicas y sociales.
Conexiones:
Es muy raro que a estas alturas no sepamos absolutamente nada de dónde guardamos todo lo que supuestamente sabemos. En la Harvard Business School, en Boston, estuve esta mañana hablando con una científica que me explicaba que, gracias a las cantidades millonarias que se estaban invirtiendo por todo el mundo para salir de ese atolladero cognitivo, faltaba muy poco tiempo para descubrir eso que me preocupaba.
La verdad es que no pensaríamos gran cosa del conocimiento acumulado por un médico que pudiera dibujarnos cada hueso de nuestro cuerpo, pero que fuera incapaz de diseñar el esqueleto entero. Pues eso es lo que ocurre cuando intentamos desmenuzar nuestra actividad neural. Sabemos ahora que el gusano C. elegans (Caenorhabditis elegans), que un premio Nobel pudo estudiar durante años, tenía unas trescientas neuronas y unas siete mil conexiones que hacían de él lo que era. Seguimos los mismos pasos a la hora de definir la estructura neural del humano, pero nos tiene desconcertados el trabajar con miles de millones de conexiones en lugar de solo con siete mil. ¿Cómo construir ese mapa?
El esfuerzo no es nada descabellado. Imaginemos lo que daría de sí descifrar las conexiones de nuestro cerebro. Si fuera cierto que todas las experiencias de una vida están codificadas en las distintas conexiones cerebrales, no resultaría imposible descargar en un ordenador todo el diagrama neural, simulando luego mi mente o tu mente. Es más, de ser cierto que todos los recuerdos están codificados en grupos celulares, no debiéramos excluir la posibilidad de que un día no lejano bastara con entresacar un pedacito de tejido humano para poder comparar las distintas estructuras de conexiones cerebrales: las de gente sana con las de autistas, esquizofrénicos u afectados por otras enfermedades mentales.
En Boston he podido constatar que muchos científicos están a punto de descubrir cómo se conecta el genoma, cómo se doblan las proteínas y cuál es el diagrama completo del cerebro. Para ello recurren a la microscopía electrónica, a la modulación de imagen por ordenador con vistas a diseñar la más perfeccionada fotografía en tres dimensiones de la materia gris cortical jamás diseñada. Aún están lejos de dibujar la red entera del mapa cerebral, pero el camino ya está trazado.
Mapa de las fibras nerviosas que conducen la información entre las células (imagen: Van J. Wedeen, M.D., MGH/Harvard University).
De momento han logrado confirmar algo que es característico del comportamiento humano. Una manera de ser que revolucionará el futuro. De la misma manera que en la Universidad de Columbia en estados Unidos, así como científicos londinenses, habían sugerido hace diez años, que la experiencia individual era susceptible de resquebrajar, deformar e instruir las estructuras cerebrales o genéticas, resulta que también la actividad neural –la información que viaja entre las distintas ramas neuronales– puede conseguir que cambien las conexiones. Una vez más, y en mundos distintos, se afectan la naturaleza y la cultura; los americanos lo llaman a este fenómeno ‘nurture‘, el encuentro entre ‘nature’ y ‘culture’.Mientras intentan distraernos con rifirrafes sin sentido, vale la pena observar aquellos experimentos con los que la ciencia está comprobando la insospechada fuerza de la experiencia individual sobre la verdadera naturaleza de la gente. La división de ratones en dos grupos (unos con una madre que no cesaba de lamerlos y otros con una que los torturaba) sentó las bases de la importancia del entretenimiento y el amor en el conocimiento. La vida de los ratones bien tratados se prolongó más allá de lo que duró la vida de los maltratados.
El poder recién descubierto de la experiencia individual, frente a lo que se consideraba la herencia intocable de la genética o las conexiones cerebrales, abre compuertas insospechadas a las reformas educativas, médicas y sociales.
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